lunes, 8 de diciembre de 2014

Diciembre




Camino  por las calles de la ciudad que adornadas con luces de colores anuncian la próxima navidad. Los parques  y plazas repletos de voces anónimas deseosas de cumplir deseos en una confluencia de diferentes perspectivas coinciden inmersas en lo que da sentido a su existir y no en su vivir. Sin perder mi capacidad de asombro, me conmueve verlos pasar al lado del hombre que duerme en la calle, quizá sean esas enormes bolsas de regalo lo que les impide verlo; él tiene frió pero nadie le otorga una cálida mirada.

Encuentro un niño con su cara pegada en una vitrina donde se exhiben chocolates de todas partes del mundo, saborearse es el único recurso que le queda antes que un hombre lo arranque del vidrio para gritarle:
-¡no quiero verte por aquí, mugroso!

¿Acaso la Navidad sólo es para quien, la puede comprar?
¿Cual es su verdadero sentido?, ¿no era algo trascendental que nutria el espíritu?

Hasta a mí, me ha alcanzado el hastío, no supe dónde se quedó mi entusiasmo. Cierro los ojos y deseo recuperarlo. Todo esto es contradictorio, esta época debería ser de alegría, amor y paz.
Las noticias mencionan revueltas, los presidentes piden dinero para guerras y en las familias, abundan las despedidas…. me han dolido las despedías, (quizá sólo una en especial), pero  ¿no es mejor despedirse cuando sabes que no eres amado?, o ¿acaso debí esperar a que pasara Navidad?

Deseo que sea pronto enero, pues no quiero sentir nostalgia de invierno.

Victoria Falcón Aguila D.R 2014



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