viernes, 22 de junio de 2012

Arrullos

                                                                                       
 

Ansioso la esperaba a la salida del colegio.
   Embelesado y enamorado la veía salir con su falda a cuadros; cada tarde era un ritual: el toque de salida, verla correr hacia donde se encontraba, soltarse el listón de su larga cabellera esparciendo sonriente su aroma, verla como se arremangaba la falda lo envolvía de dicha.
  Sentir el calor de ella cuando posaba sus torneadas piernas sobre él, bien valían las horas de espera.
   Su felicidad consistía en mantenerla relajada entre arrullos mientras ella se concentraba en su lectura a la espera del automóvil que la vendría a recoger.
   Era feliz estando a su lado, el tiempo no corría, la sombra de los árboles que los cubría simulaban el techo de un hogar. Juguetona hurgaba en el interior de él provocando que manaran linfas plenas de satisfacción. Así era de lunes a viernes, luego esperar un largo fin de semana para verla de nuevo y ni se digan las vacaciones, le resultaba un suplicio cada día no poderla disfrutar.
   Así pasaron tres años, el ciclo de la preparatoria pronto terminaría y ella tendría que emigrar a otra escuela, su partida le era ya dolorosa, sin ella, sus aguas no volverían a brotar, ni el viento o la sombra refrescante de los árboles lo volverían alegrar.
    El último día de clases salió bellísima y como si fuera la despedida se quitó el birrete, soltó sus cabellos, arremango la toga y se encamino hacia donde estaba él; acerco su angelical rostro adornado por una gran sonrisa y bajita la voz le susurro: "gracias por tu dulce compañía, estás en mis dulces recuerdos de preparatoriana, regresare a tí algún día...hoy tengo que partir".
   Las palabras de su bella doncella calaron hondo, sin embargo siempre mantendría la esperanza de su regreso para escuchar sus arrullos; los arrullos de un fontanal enamorado frente al colegio de mujeres.

 Victoria Falcón Aguila  D.R junio del 2012




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