Autor: Héctor Medina Varalta
A
mí me gustaba la basura porque no conocía otro estilo de vida. Sin embargo,
todo cambió una mañana en la que me encontraba pepenando, penas, tristezas y
amarguras. Ese día me sentía más miserable que de costumbre, pues pensaba que
hasta la inmundicia que tocaba, la contaminaba.
-¡Soy
un desperdicio humano!- grité.
Con el alma llena de angustia, elevé la mirada al cielo y mi espíritu se deleitó. Entonces, me fundí en un éxtasis, que más que éxtasis, era amor, era amor lo que me inundó. Como si me hubiese elevado a místicas moradas, escuché una dulce voz: