Por Alejandro Ruíz Robles
¡Deja que la Vida te sorprenda1
… Y vaya que esta expresión se realizó y sacudió al mundo en este 2020. Todos
estábamos tan acostumbrados a nuestra rutina que llegó el COVID-19 de una
manera tan intempestiva que nos movió totalmente el piso y transformo nuestros
hábitos. Cuando vivíamos perfectamente nuestra rutina diaria: trabajo, distracciones,
entretenimiento y consumos fuera de casa, aderezados con reuniones sociales y
eventos públicos, entre un sin número de actividades específicas, llega la
pandemia. Con ella, la necesidad de tomar una decisión para la cual no estamos
preparados: el aislamiento.
Bajo la premisa de cuidar nuestras vidas y la de quienes amamos, asumimos
todas las medidas de precaución para evitar al máximo el contacto con personas
distintas a nuestro entorno cercano. De tal manera que la mayoría decidimos
quedarnos con nuestro núcleo familiar en el sitio más seguro con el que contamos:
nuestra casa.
“El cambio constante”
A más de noventa días de haber tomado esa decisión y asumir el cambio abrupto
de circunstancias; en retrospección, vemos que lo que dábamos por hecho en el
pasado, no era del todo verdad. Las personas que creíamos éramos y
conocíamos … ¡de repente nos hemos mostrado distinto!
Como resultado de ello, hemos modificado nuestra percepción y en mayor o
menor medida nuestro comportamiento. Sin embargo y a pesar de todas las
circunstancias, la mayor variante se encuentra en … ¡nosotros!