Por: Alejandro Ruíz Robles
UN
PUNTO DE PARTIDA.
De acuerdo con el diccionario, entendemos como cerrar el “hacer que el interior
de un espacio o lugar no tenga comunicación directa con el exterior, no dejando
aberturas o cubriéndolas, tapándolas”. Dicho término lo utilizamos usualmente
cuando hemos alcanzado la meta deseada, damos por terminada una etapa o
simplemente, cambiamos de planes y buscamos nuevos horizontes. Ante ello,
utilizamos expresiones como “darle un giro”, “evolucionar” o “cerrar capítulos
o círculos”, pretendiendo tener un nuevo comienzo en nuestra vida y bloquear
los accesos que permitan el ingreso o la salida de acciones, emociones,
palabras o recuerdos que frustren nuestra intención de mutar.
¿Qué
tan fuerte eres para el desapego? ¿Dejas ir a las personas, momentos y
costumbres con facilidad?
AMANACER
Cada mañana al abrir los ojos sabemos que
tenemos una nueva oportunidad de hacer de nuestro presente algo inolvidable. Si somos propositivos, tomamos ese amanecer
como una combinación de “amar” y “nacer”, es decir, agradecer de tener la posibilidad
de desplegar nuestras alas con rumbo a metas que decidamos. Desafortunadamente,
a veces es tal nuestra necedad, temor o torpeza que no vemos esto y nos
aferramos a un pasado que nos limita y nos convertimos en los primeros
saboteadores de nuestras opciones y por ende, somos los poseedores de
resultados no deseados.
¿Te has percatado si ante los cambios dices “si” con la boca, pero con el corazón y la razón te aferras a un “no”?