El Día del Niño, la Niña y el
Adolescente es una celebración dedicada a reconocer los derechos, el bienestar
y la importancia de la infancia. En México se celebra el 30 de abril, aunque la
ONU lo promueve el 20 de noviembre como el Día Mundial de la Infancia para
conmemorar la Declaración de los Derechos del Niño de 1959 y la Convención sobre
los Derechos del Niño de 1989; sin embargo, en nuestro país esta fecha está
presente desde 1924 cuando fue institucionalizado por el presidente Álvaro
Obregón y el ministro de Educación José Vasconcelos, con el propósito de reafirmar
los derechos de la infancia.
Los derechos de las niñas, niños y adolescentes (NNA), son de estricta observancia nacional e internacional, fundamentados principalmente en la Convención sobre los Derechos del Niño (1989). Es el tratado de derechos humanos más ratificado de la historia, diseñados para proteger su vida, dignidad y desarrollo integral. Basados en la Convención sobre los Derechos del Niño Incluye el derecho a la identidad, salud, educación, vivir en familia, no discriminación y a una vida libre de violencia.
Esta fecha se celebra con eventos escolares, familiares y comunitarios con énfasis en el juego, la educación y la protección de los niños; pero más allá, esta celebración cumple con dos cosas valiosas: primero, funciona como recordatorio social de que los niños no son adultos pequeños, que tienen necesidades específicas y segundo: sin importar el regalo material, lo que realmente importa al niño, es el gesto de atención y presencia de los adultos, pues es ahí donde los niños realmente aprenden lo que significa ser valorados; no por lo que hacen, sino por lo que son.
Esta celebración no necesita un argumento complejo para justificarse, la alegría genuina de un niño ya le da valor por sí misma y proteger ese espacio, es una forma de preservar la memoria personal del infante, cargándole de recuerdos que lo harán un adulto seguro de sí mismo y lleno de valores.
Festejarlos no pesa cuando recordamos que esta fecha quedará en su memoria por siempre, porque los niños recuerdan el tiempo más que las cosas. Así que en vez de enfocarte en un regalo, otórgale la sensación de que es visto de verdad. Regálale un recuerdo duradero, dale tu tiempo y presencia; no olvides que también un día fuiste niño o niña y un adolescente.
Con mucho cariño para todos los niños, niñas y adolescentes en su día, la Maestra Anabel Godoy Padilla nos comparte el cuento "la Gran Rana Bucona" de Ana Martín Larrañaga.

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