martes, 11 de octubre de 2022

Aprendíz

Por: José Ruíz Mercado

   Significados sin peso. Pérdida de peso. Cambio de vista. Modelos anoréxicos ¿Cuándo? ¿Dónde caminaron por otros senderos? Hubo un tiempo cuando se consideraba sano, lleno de vida, al muchacho cachetón. Eso comentaba mi abuela.  

   Moda forma parte de la historia. Las palabras también entran en desuso, otras cambian su figura. Alguna vez se decía agora para posteriormente convertirse en ahora. La economía del lenguaje, dicen los lingüistas. Además, el significado profundo de otras pierde fuerza ¡Qué tanto será el caso de “aprendiz”?

   Cuando los tiempos iniciales de la Commoedia D’l Arte, la máscara era una reliquia, el aprendiz tenía que ganarla. La tradición del teatro Nöh marca el paso del actor por varias etapas; desde aprendiz pasando por el conocimiento multidisciplinario, los grandes secretos disciplinarios de la vida en la tarea del actor hasta el gran maestro. “El edificio teatral consiste en cambiar dentro de uno mismo y así tener la posibilidad de cambiar la sociedad”, escribió en 1968 Eugenio Barba.

   Estudiar la obra de los autores, sus aportes, el alcance, o quedarnos en la apreciación de la técnica es lo fundamental para reconocer, no exclusivamente el conocimiento de su entorno, sino las aportaciones al lenguaje (sonoro, visual o literario). Cuando nos encontramos con aportaciones, aún más allá, las posibilidades de posibles cambios, nos encontramos al gran maestro, al artista.

   Retomo, la función del teórico es la de ofrecer una construcción teórica, a ubicar la obra, a su autor, en una posición, no de privilegio, sino de responsabilidad profesional, conocedor de los grandes secretos.

   Un autor en esta circunstancia, recalco, no es un privilegio, no es el autor más vendido, ni el beneficiado con los grandes reconocimientos –como alguna vez se llegó a decir, la beca es de quien la trabaja- sino fruto de su trabajo con lectores profesionales. Porque también existen lectores noveles.

   Alguna vez escribió Octavio Paz de como el escritor es un marginado social. Una gran verdad, de no serlo, la obra toda de Paz, sería conocida y no es así. Tenemos más lectores noveles, algunos que rayan en el analfabetismo funcional, que profesionales. Ya no digo, críticos analistas.

   Los estudiosos del arte aseguran unos cuantos en este rango de la apuesta de apertura a la posibilidad de abrir senderos. La maravilla de ser leído por los críticos, de aparecer como la gran posibilidad de estudio, orgulloso de ofrecer un cambio a la sociedad, una propuesta al hacer, un trabajo con aportaciones.

   Sergio Mondragón escribió en 1969 un poemario bastante interesante: Aprendiz de Brujo. Obra cuyo título alude a una pieza musical, cuya estructura está llena de magia sígnica. Nace un 14 de agosto de 1935, en Cuernavaca, Morelos. Junto con Margaret Randall publica El Corno Emplumado.

   El título hace alusión a dos culturas. El posicionamiento de la música a partir del aliento, el movimiento de una serpiente con plumas. La estructura simbólica, la ocarina llamando a los nuevos tiempos, el gran Quetzalcóatl, la simbiosis del aquí y ahora de los pueblos primigenios, y el jazz.  

   Dicen los que saben, de la participación en la literatura del principio dual (música y letra), del poeta beat por excelencia, quien le dio pauta a los nuevos con el rompimiento de las estructuras lingüísticas. Sergio Mondragón fue acreedor al Premio Xavier Villaurrutia en el 2010.

   La obra de Ignacio Betancourt Robles se enmarca en otra posibilidad de llevar la literatura de la onda a otra esfera dibujada en una ironía superlativa. Si bien, los autores enmarcados en esta propuesta son hacedores irreverentes, con lo cual llevan a generar un ritmo desenfadado en su narrativa, Ignacio la lleva al límite.

   Ya desde el título. En 1976 publica un cuento; De Como Guadalupe Bajó de la Montaña y Todo lo Demás. Ya antes, había escrito, llevada a la escena, la obra El Gran Circo de los Hermanos Gandalla, en 1973, actuada y dirigida por Fernando Betancourt Robles, su hermano.

   Ambos, nacidos en un populoso barrio de San Luis Potosí, fundan el grupo Zopilote. Nuevamente el juego del lenguaje, la reestructuración. Ignacio nace el año de 1946, en agosto, y Fernando en 1949, en noviembre.  

   El interés por la cultura popular de Fernando, el conocimiento de las máscaras rituales de las culturas primigenias, lo han llevado a utilizar en escena alguna de estas máscaras, verdaderas joyas visuales, con la técnica más depurada del trabajo escénico. Además del acervo en el Museo El Cuco Machorro. De nuevo, los juegos sígnicos.

   La fuerza simbólica del lenguaje, la lengua en su expresión, los cambios de significado, la obra, los autores cuya presencia mantienen vivo el decir de la identidad. La responsabilidad ante el trabajo creativo.


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