lunes, 26 de agosto de 2013

Regreso II parte

                                                 



Salí de la habitación... 

La gente no ocultaba su temor hacía nosotros, no por ser estudiantes o venir de la ciudad, quizá era nuestro aspecto: las vestimentas góticas y nuestra palidez facial, que nos consideraban diferentes, raros. Había notado que la gente no me sostenía la mirada, cierto es que mi mirada era penetrante sin embargo para mí, ellos no eran importantes, sólo quería pasar entre ellos como un estudiante más. 
Me dirigí a la salida abotonándome la camisa, uno de los empleados alcanzo a ver mi pecho rasguñado y algo cuchicheo con otro; no les dí importancia, sólo quería salir a tomar aire,  despojarme del olor a húmedad que prevalecía en el hotel.
Note que los lugareños estaban concentrados en la plazuela, había mucho alboroto, así que me fui directo a comprar unas cervezas, no estaba con el ánimo de soportar ningún tipo de sandez.
En la tienda de abarrotes, escuche algunos retazos de conversaciones, platicaban de haber visto sombras espectrales, ojos brillantes en la noche, ganado muerto, al acercarme para pagar callarón, ¡como  si a mi me importara sus desdichas!, yo sólo pensaba en la felicidad que antes había experimentado: por fin había estado con ella y era como yo, gozábamos de igual manera.
El estado  de éxtasis en el que me encontraba, no me alerto de las miradas que me atravesaban con profundo odio mezcladas con temor... Tome mis cervezas y me fui a beberlas en mitad de la calle sin prisas a sabiendas de que mi amada dormía y la mañana aún comenzaba. Todo lucía desolado.
Cuando termine, me dirigí al hotel con la intención de dormir un poco; conforme iba acercándome un barullo me sacaba de mi estado de complacencia, algo sucedía cerca de hotel o ahí mismo; pensé en ella, así que corrí desesperado, sólo me detuve unos metros antes del edificio: una muchedumbre lo rodeaba, hombres gritaban eufóricos en  torno de alguien, ¡mi amada! La habían sacado del hotel y la ultrajaban, se encontraba tumbada en la tierra desnuda en medio de ellos, llorando e implorando.
Sentí una rabia incontenible. Recogí piedras y comencé a arrójarselas  al tiempo que me habría paso. Grite y golpee a cuanto se interponía, sentía mis músculos en ebullición, el poder del amor me daba fuerzas nunca antes experimentadas.
Entre golpes y maldiciones, logre llegar hasta donde estaba, un horrendo obeso se encontraba encima de ella, use mis botas con casquillo y comencé a golpearlo, ya no me importaba si lo mataba, ver la cara de mi amada llena de lodo, con los labios rotos escurriéndole sangre me desquició; noté su mano manchada de sangre, ya en un color ocre intenso y eso saco mi verdadera naturaleza; surgió la bestia que mata al defender, ni los pinchazos con los tridentes o los intentos por machetearme fueron suficientes para acobardarme. No supe de dónde saqué fuerzas y se la arranqué, colocándola en mi hombro  me levanté cómo si fuera un Dios guerrero surgiendo de las entrañas de la tierra, seguí golpeando hasta alcanzar la puerta del hotel.
Subí las escaleras, buscando refugió, atrás escuchaba a la turbia gritar: ¡no dejen que escape, maténlos! ¡Muerte a los fuereños!

Nuestras habitaciones estaban saqueadas, no tenían puertas y las otras habitaciones estaban cerradas, regresar a la salida era muerte segura. Mi única opción fue subir hasta la azotea; rompí la puerta a patadas, no había más a donde ir, los gritos estaba acercándose; con lo ojos llenos de lágrimas mire a mi amada y le pedí perdón por no poder hacer mas para protegerla; ella me miro mostrándome la palma de su mano, la bese con un beso tierno y profundo, fue ahí que comprendí que este amor no tenía cabida en este mundo.
Supimos lo que teníamos que hacer: saltamos al vació fundidos en un abrazo.


                           Autor: Miguel A. Izquierdo Reyes. D-R 2013 

Nota: esta historia continuara...




 

 

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martes, 20 de agosto de 2013

Regreso I parte

                                               
                             

Mis pensamientos vuelven al pasado y se detienen en ese instante.

Ahora llueve y llega el dulce recuerdo de aquella primera vez en donde mojada hasta el alma, se desnudó ante mí pero sin saber que yo la miraba; desee secarle cada centímetro de su cuerpo; a pesar de la lluvia mi sed era desértica (deseaba beber de ella). Su cabellera negra desaliñada hacia contraste con los primeros rayos del sol, la piel imitaba a la porcelana, blanca como las nubes y esos labios morados por el frió me invitaban a besarlos; sedujo mis sentidos cuando con el dedo índice limpio una gota de sangre que escurría de ellos, mis pensamientos volaron, la imagine con otro hombre besándose hasta el cansancio devorándose a pedazos, mordiéndole el labio.

El agujero en la pared no me permitía ver más que el sillón rojo en el fondo del cuarto y una parte de la cama; un placentero vicio me llevaba a verla cada noche por ese orificio.

                                                     


En ocasiones escuchaba voces provenientes de la cama otras, del lugar que suponía seria el baño, claramente llegaban hasta mí los sonidos del agua de la regadera cayendo sobre los cuerpos y de pronto me daban celos, no poder compartir la ducha con mi amada.

Mi momento preferido era cuando llegaba exhausta al filo de la alborada y se tendía en ese sillón rojo; se despojaba una a una de sus prendas hasta quedar completamente desnuda ante mis ojos; con ese cuadro ensoñaba de mil maneras, si hubiese vivido en los años seiscientos a.c, seguro hubiese sido víctima del código Draconiano, pues cada día la amaba y mataba, la destruía y construía, la prostituía y salvaba, tan sólo con mi mirada.
Pasaba cada instante con la urgida necesidad de poseerla, por eso me quede en este sucio hotel de mala muerte por verla, para deleitarme con su dulce presencia, esperando el momento exacto para contactarla.

Mi oportunidad llegó una noche de tormenta eléctrica, mientras yo deambulaba por los sucios pasillos, la vi subir las escaleras, paso a mi lado temblando de frió sin darse cuenta que yo estaba ahí. Pude ver en su rostro parcialmente cubierto por el pelo, lágrimas que rodaban por el; la noche anterior la oí discutir con quien compartía la ducha y su cama, un impulso me obligó a seguirla hasta su habitación, me detuve en la puerta y la vì tendida en el sofá, esta vez no podía ni quitarse la ropa mojada.


Entre sin problemas en el cuarto y me senté en el apoyabrazos dispuesto a secarle las lágrimas, la ternura se apodero de mí, ¿cuántas veces la había poseído con la mirada? y ahora que tocaba su tersa piel, sólo atinaba a verla dormir; estaba helada así que me recosté a su lado. Recorrí cada centímetro de su piel con mis manos, ella suspiraba permitiéndome avanzar, su respiración se incrementó transformándose en pasión, sin poderme contener: comencé a besarla intensamente hasta sentir la necesidad de beber de ella, así que perfore su blanco cuello y me extasié al ver como se tornaba blanco como la muerte a medida que succionaba su liquido rojo vital.

La Vampíresca noche se convertía en una incandescente candela, las horas asesinas me obligaban a dejarla y la senectud de la noche me impulsaba a buscar refugio en mi habitación… Ella aún somnolienta exhaló un quejido, acompañado de una erótica sonrisa, al tiempo que se tocaba el cuello para limpiarse las gotas que de él, aún escurrían... se llevó los dedos a su boca y los lamió cuál hambrienta en ayunas, sin abrir los ojos rasgo mi pecho arañándolo, se mojó la palma de su mano y la plasmo en la pared; entendí que ese era un intimo pacto: ella quedará aquí, esperando mi regreso.


                        

Victoria Falcòn Aguila D.R 2013

Continuara...