viernes, 26 de abril de 2013

Duerme



Garfio.- (Susurra pero con voz más grave que la de Peter Pan): “Peter, sabes, ninguno de los dos existimos, y allá, tan lejos de este lugar; fuera de los márgenes de esta isla…” 
“El lugar del hijo”, Leopoldo Ma. Panero 

                                                                   

…Más allá, hay un mundo con muchos planos llenos de panorámicas donde todos los días se filman millones de películas, todas distintas pero a la vez superponiéndose, en las cuales los sonidos se funden desde el silencio hasta alcanzar máximos grados de acústica, tan nítidos que en las noches en calma podemos escucharlos aquí en la isla… 

Está serena la noche… deja que tu oído se adapte al silencio… ¿escuchas?... ¿la sientes?... ¿Percibes esa música que suena, suena y no deja de sonar? Es el escritor que toca el violín… Escribe pero no música, sólo es un aficionado, un amateur que gusta de deleitar a sus invitados con piezas de Paganini (mal tocadas pero llenas de emoción, rasga las cuerdas con tal pasión que podríamos llegar a decir que es un virtuoso)… Hoy es noche de fiesta. 

Recuerdo la última vez que fui su invitado: la luz mortecina de la calle parecía brillar más con cada nota que salía de la casa marcada con el numero 33. Las cuerdas del violín se compaginaban con el chirrido de los grillos formando una melodía envolviendo mi alma hasta adentrarse en las profundidades de mis mares y cuando la fiesta término, se sentó a escribir; el golpeteo del teclado fue adornando la primera luz de la mañana… Lo admire por su capacidad de aprisionar mundos en guiones de películas… absorto observaba sus manos ir y venir sobrevolando las teclas, en ese momento le envidie y aborrecí, ¡debió de haberme creado con dos manos y no haberme puesto este garfio! pero luego me arrepentí, comprendí que no hubiese podido aterrorizar a los piratas o a los niños perdidos ¡sin mi puño de metal! 

Más tranquilo leí las páginas ya terminadas. Cuando finalice mi lectura, note que era de noche no había percibido el transcurso de las horas, ahí en esa casa el tiempo no se movía, sólo era un símbolo, granos encerrados en un reloj de arena sin caer. . Tampoco note cuando el escritor se retiro a dormir 

Con lo que había leído sabia que era hora de partir al país del nunca jamás donde la verdadera realidad monstruosa, cruel e inhumana es inadvertida por los chicos extraviados y por los adultos que aquí habitamos empecinados en seguir siendo niños, porque al final hemos comprendido que en la vida no hay premios ni castigos solo consecuencias y que la fantasía del cuerno de la abundancia no existe porque los que viven fuera de esta isla, se empeñan en creer que nunca se terminaran sus recursos sin valorar su tierra se pasan la vida buscando lugares hermosos no sabiendo que son ellos los que hacen bellos o feos los lugares. Peter, la vida afuera resulta una carga muy pesada, los libretos están plagados de mentiras, traiciones y cobardías; reinan las falsas ilusiones. No debemos permitir la entrada de sonidos bizarros, sólo dejaremos que la musica del escritor nos arrulle. 

Cuando me entere que ni tú ni yo existíamos en ese mundo, la perdida de mi mano cobraba sentido: podremos seguir jugando a piratas y justicieros, indios y vaqueros sin importar día u hora o si estamos despiertos o soñando. 

¿Peter?... ¡Peter!... Te has quedado dormido… shhh… duerme tranquilo que la noche es serena en el país del nunca, donde el tiempo siempre tendrá futuro. 

                                                Victoria Falcòn Aguila D.R 2013



   

martes, 9 de abril de 2013

Hay amores que no se olvidan


                                                                   
                                                                 Fotografía Victoria Falcón Aguila D.R 






Hay amores que no se olvidan con el paso del tiempo....

Hay amores que viven en el silencio dentro de cada latido, ocupando un espacio tan grande como el cielo, tan intensos como la luz del mediodía, fuertes como la roca. Permanecen clavados como flechas en el pecho; transparentes sin cabida a la duda, amores sin discusión. Crecen desde la quietud de la distancia y la separación, endulzando la esperanza de que tal vez un día se vuelvan a encontrar y es que, la memoria no puede borrar los gestos y el brillo intenso de las pupilas al hacer el amor. Ni la lluvia celosa consigue lavar los pasos caminados, tomados de las manos. Hay amores que se recuerdan cada tarde en expansión, donde el viento trae a la memoria dos cuerpos remarcados por las hojas tendidos en la hierba en un crepúsculo ardiendo de pasión. La imagen de un colibrí posado sobre las flores, incita a la necesidad de beber de aquella miel entonces, invocado desde las entrañas las lágrimas surgen de la imposibilidad porque aún hay tanto por dar... Brota de la garganta un nombre en grito desesperado, un llamado herido y bañado por la sangre de unos labios mordidos en la angustia por tener aquella boca tan lejana y el sentimiento tan cercano. En la eterna pregunta de donde está aquél que con tanto ahincó beso, se entibia el lado de la cama que antes ocupo; una cabellera apoyada en la almohada sueña sin dormir, imaginándose sobre un pecho viviendo cuentos de hadas, donde las ranas se convierten en princesas noche a noche en historias escritas sobre esas cartas con promesas de eterno amor, anhelando volverse a buscar entre suspiros de estrellas, devorando la nostalgia de unas manos recorriendo cada pliegue de húmeda piel sin obstáculos ni limites para los afectos. La línea es tan delgada entre lo vivido y lo todavía deseado, que no hay posibilidad para el olvido. Las almas aún lejos, siguen unidas por un lazo de plata igual que un regalo esperando el día festivo en que los pechos se vuelvan a empalmar. Nadie ha de destruir la fe de esa verdad porque no es una ficción de la imaginación, es una fuente con agua cristalina calmando la sed, extinguiendo el olvido... Pueden pasar cien años sin tocarse pero bastaría sólo un segundo para reconocerse en esa certeza de la incertidumbre donde alguna vez las miradas se poseyeron entregando lo pedido, recibiendo lo anhelado, traspasando el umbral de las ansias apaciguadas beso a beso quedando tatuados muy dentro del corazón… por todo eso: ¡hay amores que no se han de olvidar!, paralizando el reloj cada vez que la emoción desee evocar. 

...Siempre se han de recordar...



Victoria Falcòn Aguila D.R  2013