miércoles, 30 de enero de 2013

"ARA" de amor


Fotografia:Principe Adel Azaam D.R

Noche de intenso calor  en el país de Kemur
Las pirámides duermen,  el faraón descansa;
su imaginación vuela con un relato de Khunapup

El deseo abrasador de regresar a casa se hace presente
esclavos conducen su barca acortando distancia
 túnica de lino presiente, húmeda necesidad candente.

Apremia siervos navegar mansas aguas del Nilo
vía láctea guiando hacia dulce necesidad
quema  brisa, arde en llamas  tierras con limo.

Precisa incendiar vientre de amada
“Ara” de amor, puerta de “Horus"
papiro que hace suyo, será por siempre morada.

Bajo el manto celeste ofrece a “Ra”  tributo
de desbordado sensual delirio
dios y hombre encendidos, juntos en uno solo:
El Príncipe ¡Azaam!

Victoria Falcón Aguila D.R 2013

viernes, 18 de enero de 2013

Distancia

                                                         

Once galaxias limitan tu cuerpo, hija de Temis ¿debe ser tan dura la espera?
Necesito hundirme en esos ojos verdes esmeralda que expresan silencios de fuego encendido, reflejarme en esas g
emas de hogueras y besos.
Esmeraldas que sueñan, extrañan, preguntan:
- ¿Por qué se vuelven tan grandes las distancias?, ¿por qué los sueños se vuelven realidad virtual?
Deseo robarle a tu pupila la manzana en un beso; en un gemir llevarte al placer
quemando tus labios durante cielos de soles, noches y lunas.
Sentirte ansiosa por entregarme tu tesoro carnal, desnuda e impaciente sin importar si es pecado, sólo consciente de esa necesidad natural de ser yo huésped de tu vientre clavando en ti mi deseo ardiente.
Virgen adorada serás mi Venus amada… 
¿Por qué existen las distancias?, ¿hemos de estar condenados a miradas de lejos calladas y sumisas?
Pide al lucero que ilumina el sendero me lleve hacia ti, mi lanza impaciente ha de alcanzar tu sueño.
Casa de oro, morada de placer, refugio de pecadores serán cuatro paredes celestinas.
Dos esmeraldas adornaran nuestra intimidad, convertida tú en salome, yo en Eros.
Mortal y dios mi corazón será tu religión,  mi ateísmo tu piel ofrenda de un rezo emancipador perdón del pecado original.
Ya sin pecado en un sorbo beber el vino sagrado, sin penitencia elevarnos al cielo entre milagros gozosos.
¡Ay! ¿Por qué han de existir las distancias?
Necesito tus besos asesinos que matan si no los pruebo.
Besos asesinando besos, recordando el desatino de esta virtualidad.
Ocaso y Orto eres tú hija de Temis en tus labios llevas el sello de las Moiras: defines mi destino estando sin estar.
Exiges el cielo, más no atino a encontrarlo, siempre lo confundo con el mar. Insomne ojo de Graya estás aquí sin estar.
¿Por qué han de existir las distancias, si yo te tengo tan presente?
Ojos verdes de silencio, de esmeraldas resplandecientes eres crucifixión y felonía de Judas.
Boca que peca y santifica conjura la distancia, quédate conmigo: afuera un mundo olvidado, dentro placeres humanos divinizados.
De nuevo la lanza se ha ajustado marcando el vértice del espacio sagrado que ocultas, “la distancia se ha salvado”. 
Elevas gemidos como una oración yo, construyo una oda amorosa con mis suspiros por el gozo de pecar.
Tus pupilas desbordadas anuncian la presencia de las parcas en respiros agitados, bocas fundidas por besos de fuego presienten sosegada muerte.
Mientras la lontananza cruel me invade, los labios se inflaman de ardor, lloro reprochando a lunas y galaxias separen este raudal de ansiedad.
Rabioso pregunto: ¿por qué existen las distancias?


                Victoria Falcón Aguila en coautoria con Pedro Gles C.

                                                         D.R 2013

domingo, 6 de enero de 2013

Noche de Reyes


                                                              
Anoche, cinco de enero lo vi pasar por mi calle cargando un costal  en su hombro.  Su gran barriga le provocaba un andar lento o también quizá, podían ser  esos zapatos  viejos, sucios y desgastados de tanto caminar, los causantes.
Mi imaginación me llevó a pensar que ya pasadas las fiestas de navidad podría ser Santa Claus pues su cara regordeta y  enorme barba me hicieron recordarlo, pero sus rasgos negroides y tez morena me quitaron pronto esa idea para luego pensar que se parecía más al negrito Baltasar (el de los tres reyes magos) sin embargo, una carcajada dentro de mi explotó al decirme que por su aspecto podría ser “el rey vago” , y cuando vi al perro que lo acompañaba, noté que éste no tenía cara de reno y obvio no era un elefante pues el pobre  estaba en los huesos.
Lo observé largo rato. Algo en él  me provocaba desconfianza: su andar  renco, sus ropas andrajosas y su cabellera enredada unido al costal sucio y desgarrado, trajo a mi mente una historia de la infancia la del “viejo del costal” aquella que nos contaban cuando las madres nos asustaban para que nos portáramos bien  o de lo contrario “el viejo del costal” nos llevaría para ponernos a pedir limosna. Sentía desconfianza no lo niego, pero también algo en mí  sentía ternura por él… Nunca tuve un abuelo y ver un anciano en condiciones de calle, era algo con lo que no estaba de acuerdo.

Tardaron mucho para recorrer toda mi acera, el hombre daba unos pasos y se detenía, bajaba el costal y acariciaba al perro, así hasta llegar a la esquina y sentarse en el batiente de una tienda; los seguí y entré en el establecimiento con el pretexto de comprar leche; miré al hombre pedir un  pan para después compartirlo  con su perro a quien le dio más de la mitad, ese acto me conmovió: partir lo poco que tenía sin importarle su propia hambre, me enseño que para amar no se necesita tener mucho;  estaba reflexionando este hecho, cuando un movimiento en el costal y un chillido dentro del mismo, hicieron que mi mente rápido fabricara una historia de terror:
¡Ese hombre era el viejo del costal!,  y dentro traía un niño secuestrado. 
Los vellos se me erizaron y un aire gélido recorrió toda mi espina dorsal, ¡mi madre tenía razón! Estaba a punto de asestarle un golpe con la botella de la leche cuando algo saltó del costal:
¡Un gato!,  un blanco y tierno mínimo.
¡Vaya!, si que las madres saben como  traumarnos.
-¡Baltasar! Asustaste a la señora, gatito malo.
¿Baltasar? ¿Dónde le ve lo negro al gato?- Pensé-,  sólo faltaba que el perro flaco se llamara  Santa Claus.
-“Nicolás” comparte con Baltasar. Deja que pruebe la rosca de reyes, anda perrito.

Una risa incontrolable me dominaba, serían los nervios o la tranquilidad de saber que no me encontraba delante de un raptor de niños lo que hacia que mi delirante felicidad no me abandonara… Los tres me miraron tiernamente y de todos yo era la que estaba fuera de cuadro. Para recompensarlos por mis delirios, como regalo de Reyes le di a Baltasar la leche que antes había comprado y para mi amigo el del costal y su perro: una gran rosca.
Es que en este mundo hemos perdido la fe en los humanos.

                                          Victoria Falcón Aguila D.R



    

sábado, 5 de enero de 2013

Abrazo




Ayer te vi. Por tu andar varonil
entre la multitud te descubrí,
caminabas rápido y seguro
la ciudad entera era para ti.

La lluvia  coqueta te amaba
en tu cabellera anidaba
me miraste con esa mirada,
a la que nadie dice: no.

Me llamaste a tu lado sin hablar,
usaste tu cuerpo como lenguaje
me dejaste beber de ese brebaje.

Guarde tu sonrisa en mi boca,
aspire todas tus intenciones,
te prometí amar sin razones.

Como si fuera la primera vez,
citados para abrazarnos
reafirmábamos amarnos.

Tu nombre explotó en mi garganta
la humedad me hizo estremecer,
el viento envidioso nuestro abrazo...
¡No pudo deshacer!

Victoria Falcón Aguila D.R
2013