viernes, 19 de octubre de 2012

Estoy cansado


                                                                     





Victoria Falcón Aguila

Estoy cansado no he dormido. Mi cuerpo me implora descanso.

    Cabalgo en un bosque desconocido tengo miedo de ser devorado por bestias salvajes sin embargo,  tengo que seguir no deben saber que ya  descubrí el juego.
    ¡Pelafustanes! se creen grandes estrategas: poderosos sintiéndose ya ricos con mi muerte, pero nadan en su debilidad de no ser por el titulo que heredaron no serían nada. Algún día ellos también serán traicionados.
    No dejar heredero al trono es mi delito.¿Cómo exigirle a mi reina querida un hijo si eso mismo la llevaría a la muerte?
    Me han envuelto en una guerra que no es mía una matanza de soldados que no deseo; asaltos a  inocentes aldeas.
    Debo descansar. Ya no siento mis piernas será mejor pernoctar debo cuidarme de no ser apuñalado.
    Que lenta pasa la noche…Deseo la lucha comience ¡ya! Si he de morir que sea en el campo de batalla.
    Los soldados están inquietos. Sus piernas se acalambran en esta fría madrugada,, les otorgo un trago de vino después de todo quizá esta noche sea la última de nuestras existencias. Si no puedo dormir  mejor repasar la estrategia de asalto a la aldea de las amazonas. ¡Oh! Bellas e inocentes mujeres que tendrán que ser sacrificadas por el capricho de nobles testarudos buscando un trono.
    He peleado en muchas batallas,  visto cuerpos descuartizados, cuervos picoteando heridos, pero enfrentarme a mujeres: ¡jamás! 
    ¿Tendré la fuerza de arrancarles su hermosura?  La recompensa sería el tesoro que guardan en el templo de su diosa, yo mismo vi  once meses atrás,  grandes jarrones con oro y  esmeraldas. La reina convoco a  los reyes de la comarca para dialogar sobrer la paz en la zona. pero  todos sus esfuerzos fueron en vano; los brutos monarcas solo aprovecharon la ocasión para emborracharse con las barricas de la soberana y mantener sexo con las amazonas sin importarles que carecieran de un seno que es el requisito para ser buenas arqueras…¡Arqueros! Es lo primero que debo mandar, mis mejores arqueros irán primero para abrirles paso a los caballeros y protegerlos de las flechas enemigas.
    Veo venir los primeros rayos del amanecer a las puertas de la aldea Amazónica, tendré que dar la orden a los arqueros para que comience la sin razón; el sol está  frente a nosotros refleja las armaduras ¿cómo podrán dar en el blanco las flechas? Esta batalla ya está perdida, veo los ríos de sangre correr  y a los cuervos graznar implorando todo termine ya ¡que comience su festín!
    Estoy mareado, intento orientarme. Una leve llovizna se hace presente enfriando a los soldados. Un hilo de sangre corre por mi brazo:  me han herido, ellas atacaron primero; mi fiel corcel me mantiene erguido.No caigo pese a tener la vista nublada.
    Las puertas de la aldea se abren para dar paso a una yegua café donde viene montada la reina acompañada de dos mujeres una de las cuales trae consigo una cesta. La monarca me otorga un ultimátum:
    -Toma la cesta y regresa a tus tierras o de lo contrario: aniquilare tu pequeño ejército.
    Un llanto proveniente de la cesta me hace comprender que mi reino tiene heredero.
    Pronto los que planean mi muerte serán traicionados.

Octubre del 2012  D.R





lunes, 1 de octubre de 2012

Noche estrellada

Victoria Falcón Aguila


PINCELADAS AZULES Y AMARILLAS, DE SOLES DURMIENDO Y HADAS DANZANDO SOBRE EL SOMBRERO DE VINCENT CORONADO POR VELAS.

Me encontré a Vincent a las afueras del pueblo con su clásico sombrero de paja. El cielo era de un azul negro intenso, decorado por miles de estrellas.


No recuerdo cuando fue la primera vez que lo vi, pero se que desde ese primer momento me cautivó. En ese entonces yo tenía 18 años y era vecina del pueblo de Auvers-sur-Oise, pasaba unos días con unos parientes quienes vivían cerca de la pensión donde rentaba una habitación el señor Van Gogh.

Su pelo rojo y el mirar azul celeste de sus ojos me enamoró. Su cara con pecas brillaba debajo del sombrero que apoyaba candelas.

Parado frente al caballete sostenía con una mano el pincel y con la otra la paleta en perfecto equilibrio; los colores mezclados entre si orquestaban ya una obra impresionista.
 No me atreví a acercarme así que me quede sentada sobre la hojarasca para verlo pintar, imaginaba que yo, era el lienzo y sutilmente me acariciaba con las cerdas del pincel, comencé a ensoñar: me vi caminando por un campo dorado de trigo con un girasol en la mano, mi vestido azul rey combinaba perfecto con el azul del cielo y en el centro estaba Vincent esperándome; de pronto un fuerte viento en forma de remolino me envolvió, él me tendió su mano para sostenerme y con voz rasposa me tranquilizo:

.-Con nadie estarás mejor que conmigo— Aseguro.

El viento fue tal que logro elevarnos (unida a él nada me importaba), sobrevolamos “el trigal con cuervos” y “el campo de lirios”; admiramos desde lo alto el pueblo coloreado de azul y amarillo, pinceladas gruesas y puntillismo nos rodeaban en espirales de ilusión; cuando el viento se tranquilizo fuimos depositados en el “viñedo rojo”, perdidos sin tener conciencia del tiempo, no expuse preguntas, ni él respuestas, tendidos sobre manchas rojas conteníamos las ganas de degustar el aromático vino de nuestros labios

La lucha entre la castidad y la fuerza indomable de mi centro se desarrollaba en el amarillo rojizo de la caída del sol de media tarde; sin poder decir lo que pensaba solo lo observaba dedicado a leer el paisaje, libre ya de toda limitación de su pasado. Lo llamaban: imitador, loco, para mí era el genio que atrapaba la vida en un cuadro de tela viviendo la exageración del amarillo en sus flores flameantes alcanzando la paz.

Por mucho que hablara o le escribiera alguna carta no podría describirles exactamente lo que significaba para mi. Comprendí que el momento era inconversable; lo deje pintar y terminar el cuadro. Me fue difícil salir de esa región emocional más, era necesario para contarles que pese al balazo en el pecho...Nunca renuncio a la vida porque la vida le perteneció por voluntad propia quedando eternizada en cada pincelada donde brota amor y bondad. Ahora gracias a él soy: "un delgado creciente emergiendo de la sombra brillando a su lado en esta noche estrellada”.

D.R 2012